
Morir es muy triste y seguir viviendo sin estarlo, sigue siendo a un más doloroso, así sucede en las redes sociales, pues continuas estando ahí, en “vida digital”.
Tener la posibilidad de eliminar ese perfil del ser que ya no existe, es bastante complicado, ya que se requieren de muchos trámites, los cuales son demasiado extensos, además, por la ley de Privacidad de las Comunicaciones Electrónicas (del año 1986) de Estados Unidos, que no autoriza divulgar la información de ninguna cuenta de correo electrónico.
Para estas situaciones, se tienen dos opciones, la primera es convertirla en un conmemorativo, en el que solo podrán acceder los familiares y amigos y seguir recordando al que ya no está entre nosotros, por medio del muro.
La segunda, pedir que se elimine totalmente, pero como ya se había dicho, es un proceso largo y cuenta con muchos requisitos, entre ellos, el acta de nacimiento del fallecido, el certificado de defunción y una prueba para saber si el que solicito el trámite, es el representante legal, o su verdadero heredero, entre otras.
¿No existir después de muerto? O ¿vivir digitalmente?, ya cada quien decidirá, pero hay que hacer alguna de las dos, de lo contrario si se continúa estando “vivo” seguirá activo: cumpliendo años, siendo sugerencia, recibiendo etiquetas, mensajes, publicaciones, etc. Lo cual se tornaría abrumador y no muy bueno para quienes sufren por la perdida.



Bueno también tiene su lado positivo. Soy partidaria de la opción de convertir a la cuenta en un conmemorativo. Es similar a los escritores muertos y siguen tan vivos y vigentes con sus libros y se conmemoran sus aniversarios.
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