
Un joven de 19 años irrumpió en una casa ajena en Pensilvania, EEUU, para robar una par de anillos avaluados en más de 3500 dólares. Todo sale bien para el joven, pero un detalle lo delató:
Después de sustraer las pertenencias de la señora de la casa, no se le ocurrió otra cosa que conectarse a Internet a través del ordenador familiar, para comprobar las últimas novedades que se cocían en su cuenta de Facebook. Accedió, como es habitual, con su dirección de correo electrónico y la clave de acceso, para irse después tan alegremente y sin cerrar la sesión. Pistas suficientes para que la policía llamara a su puerta al minuto uno.
La dueña de la casa encontró su casa desordenada, pero además, la dueña vio indicios del delito en su ordenador. Las autoridades hicieron luego lo propio y detuvieron al joven, para encarcelarlo bajo fianza de 10.000 dólares. Si el juez considera sus delitos tan graves como los del servicio online que ofrecía hackear cuentas de Facebook, el chico podría enfrentarse a una pena de al menos diez años de cárcel. Un escarmiento de los que hacen historia, para un ladrón de tres al cuarto.


